Estudios recientes han demostrado que aquellas personas por las cuales se reza se recuperan antes o consiguen salir de una situación difícil con mayor facilidad que aquellas por las que no se reza. Desde este humilde blog queremos aportar nuestro granito de arena y unir nuestra oración a la de todos aquellos que lo pidan. Podeis enviar vuestras peticiones a mtgaliana@hotmail.com. Gracias. Maite Galiana

domingo, 25 de noviembre de 2007

Carta de una mujer con sida


Carta de una mujer con sida

Querida Maite:
Te pediría una oración por mi, para que mi cuerpo se curara, para que el virus desapareciera, se muriera y me dejara en paz. Pero aun con este horrible huésped he de sentirme afortunada.
Qué se yo del sida, ni siquiera con seguridad como entró en mi cuerpo, talvez por varias vías, pero eso ya no importa.
Qué se yo del sida, siglas en mayúscula que ignorante de la lingüística hago minúsculas para reducir el peso de sus letras, para que no griten.
Qué se yo del sida, que lo provoca un virus enamorado de mis células, que solo vive por ellas, inocentes victimas de una violencia sin igual.
Qué se yo del sida, informaciones manchadas con el negro color del miedo, fotos de cuerpos vinaceos, kaposis, hongos, herpes.
Qué se yo del sida. Me duele África, me duelen las mujeres que paren sus hijos enfermos sobre la arena del desierto o la aridez de la sabana, me duelen los hombres ignorantes, los brujos pestilentes, me duele el hambre.
Qué se yo del sida. Que algunos han llenado sus arcas. Es la vida dicen “la selección natural”, las grandes pandemias de la historia y niegan fármacos a los países pobres.
Qué se yo de sida. Las irrisorias haches de los ochenta y vergonzosas de los noventa.
Qué se yo de pandemias y de haches y de siglas.
Soy solo una mujer enflaquecida, temerosa por la alerta de mi esqueleto andante, obsesionada por los rellenos plásticos que harán de mi cuerpo parte de la normalidad, si fuera posible.
Y me siento afortunada por que nadie me negó su ayuda, con más conocimiento o menos dispongo de médicos, de sicólogos, de servicios impensables solo hace unos años cuando mis fémures, incapaces de sostener la cadera, temblaban gelatinosos.
Y soy afortunada digo, por los fármacos que tomo cada día, aliados del ejercito maltrecho de mis células, aunque sufra daños colaterales.
Nadie me marginó jamás. Tal vez por que escondí las siglas en el manto de grasa de mi cuerpo. Y me amaron y me abrazaron y me entendieron aquellos a quienes abrí mi corazón.
Si, te pido una oración, una oración por los ignorantes, por los avaros, por los violentos. Una oración por los que padecen, por los que quedamos, una oración por los que se fueron.

Blogalaxia