Cesar Vallejo nació en Perú 16 de marzo de 1892 y murió en París el 25 de abril de 1938
Masa
Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino
hacia él un hombre
y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió
muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la
vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió
muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil,
quinientos mil,
clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la
muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió
muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate
hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió
muriendo.
Entonces, todos los hombres de la
tierra
le rodearon; les vió el cadáver triste,
emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…
10 de noviembre de 1937
Los heraldos negros
Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!.
Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... ¡Pobre... pobre!.
Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
domingo 30 de marzo de 2008
Cesar Vallejo
Publicado por
maite galiana
en
3/30/2008
Etiquetas: Otros poetas
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