Estudios recientes han demostrado que aquellas personas por las cuales se reza se recuperan antes o consiguen salir de una situación difícil con mayor facilidad que aquellas por las que no se reza. Desde este humilde blog queremos aportar nuestro granito de arena y unir nuestra oración a la de todos aquellos que lo pidan. Podeis enviar vuestras peticiones a mtgaliana@hotmail.com. Gracias. Maite Galiana

domingo, 23 de marzo de 2008

LA DESMEMORIA, CUENTO

Hoy he encendido la chimenea. Sé cuanto te agrada sentarte al calorcito y como te ensimismas al mirar las llamas. Siempre me ha gustado esa facilidad tuya para abstraerte. 
Te he comprado  una gorra nueva.
-“En todos mis años de cartero no he olvidado la gorra ni una sola vez”, me responderías si pudieras.
Hoy nos quedaremos al calor de la lumbre a celebrar nuestro aniversario. ¿Te acuerdas?, sé que la fecha está marcada en algún lugar de tu cerebro apagado. Cincuenta años juntos. Te brillan los ojos. Eras tan guapo, todavía lo eres no te creas.

Ya no hago punto, ¿lo has notado verdad? mis ojos están  cansados, prefiero mirar el fuego y estar atenta a cualquier variación de tu gesto. 
He comprado pitisús de chocolate y vino de moscatel en la pastelería de la plaza nueva. No te imaginas lo que ha subido todo con el euro. 

Estos pasteles son buenísimos. Ya te lo pongo en la boca, verás que rico. Ahora un sorbito de moscatel, así, muy bien, despacito.
El cartero de Almedilla. Eres algo más que un repartidor de cartas, eres un amigo y un consejero para todos los vecinos. No dejan de venir a interesarse por ti, aunque tú no los veas, aunque no los recuerdes.
Nunca quisiste dejar el pueblo y me alegro, porque no me hubiera gustado abandonar a mis padres en sus frías y tristes tumbas. Saber que estamos tan cerca me conforta. A veces los veo con mi imaginación, aquí, en la misma casa donde ellos vivieron, y los veo en las habitaciones o paseando por las calles empedradas del pueblo o hablando con los vecinos, y me llega su calor y su consuelo.
Ha nevado mucho estos días y todo el pueblo esta blanco. 
Los chicos no vendrán, hace demasiado frío. Te quieren mucho y se preocupan pero ya les he dicho que estamos bien y que es aquí donde queremos estar, en la casa donde hemos vivido toda la vida, en el pueblo en el que nacimos, respirando el mismo aire que respiraron nuestros padres, escuchando el mismo río que ellos escucharon, el mismo sonido del viento agitando los árboles, el lento silencio de los copos de nieve o la lluvia estruendosa sobre las tejas.
He dejado los perros en casa del Tobías, siempre ha sido bueno con los animales. Todavía son jóvenes y listos. La Actea no quería quedarse, el Tobías ha tenido que atarla porque se volvía a casa, ladraba la pobre, como si supiera. Mi perrita buena. ¿Oyes? ya está en la puerta, hasta que no se ha soltado no ha parado. Ven aquí perrita mala. Mira, se ha tumbado a tus pies.
Cae la noche en el pueblo como cayó en tu cerebro, lentamente, sin enterarte apenas, sin que yo me enterara del gris que te envolvía hasta convertirse en negro.
Abre la boca, así, un poquito más, ¿ves que bueno está? Con el moscatel apenas se nota el sabor amargo de los polvos. Deja que gire tu cabeza. Tus ojos son lo último que quiero ver antes de que los míos se cierren para siempre. Duerme, duerme. Que vino tan dulce, duerme.

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