Estudios recientes han demostrado que aquellas personas por las cuales se reza se recuperan antes o consiguen salir de una situación difícil con mayor facilidad que aquellas por las que no se reza. Desde este humilde blog queremos aportar nuestro granito de arena y unir nuestra oración a la de todos aquellos que lo pidan. Podeis enviar vuestras peticiones a mtgaliana@hotmail.com. Gracias. Maite Galiana

martes, 13 de mayo de 2008

Un cuento chino

Un cuento chino. Maite Galiana. Febrero 2008

Shushang Lee y Wu Wang se despidieron una mañana clara de otoño a orillas del lago karakul. Una nube que pareció bajar de las montañas nevadas se extendió sobre ellos como un abanico.
Shushang Lee bajaba cada tarde y observaba, atenta el más mínimo cambio. El resto de las nubes migraba suavemente con el impulso de la brisa o más veloces si soplaba el viento, y ella veía a Wu Wang en aquella nube estática. A veces se escondía tras los arboles del bosque queriendo engañar a la nube que permanecía allí, justo en el lugar donde Wu Wang le confesó su amor y más tarde le dijo – Volveré y pagaré a mi padre para casarme contigo-
Cuando cumplió once años su madre le dijo- Shushang Lee, ahora irás a vivir a la casa de tu tío Fu Shi, tu serás su tercera esposa y este es tu abanico de casada. Shushang Lee lloró y lloró y odió aquel abanico.
Cuando Fu Shi se enteró de que Wu Wuang, que era su hijo, amaba a su tercera esposa, montó en cólera y le entregó un abanico de combate como símbolo de entrada en el ejército y de servicio al emperador que preparaba la guerra contra Japón.
Pasó un año y la nube seguía en el mismo lugar y otro año, y así hasta diez años en los que Shushang Lee esperaba la llegada de Wu Wuang bajo aquella nube.
El asombro de la gente del pueblo creció ante aquel prodigio. Fu Shi, temeroso de despertar la cólera de los dioses y que se perdieran las cosechas dejó que su tercera esposa permaneciera bajo la nube.
Una mañana clara de otoño, la nube con forma de abanico pareció cerrarse sobre sí misma como si sus varillas de bambú y humo fueran plegándose una sobre otra, y su sombra fue haciéndose cada vez más pequeña. Otra nube blanca y mullida descendió veloz desde las montañas y la absorbió por completo.
Los ojos de Shusang Lee resplandecieron como centellas. Por el camino de arena, entre los matojos verdes, apareció la figura de Wu Wuang. Después de una reverencia cortés dejaron que las lágrimas resbalaran blandamente sobre sus mejillas. Wu Wang cogió su abanico de combate y lo depositó a los pies de Shusang Lee y ella cogió su abanico de tercera esposa y lo depositó a los pies de Wu Wuang. Cavaron un agujero en la tierra y los enterraron.
Allí nació el árbol de la nube china que da flores con forma de abanico.

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