CUENTOS DE EROS Y THANATOS
Las playas de Llanes
AVE-LINO
Mi amiga viajó a Asturias aquel verano remoto huyendo del tedio espantoso de la gran ciudad, del calor asfixiante de Madrid en agosto.
El paisaje verde de las montañas, que bajaba igual de verde a juntarse con el gris del mar de las playas de Llanes, le había enamorado. El cielo azul, las gaviotas siempre cantando, la arena que desaparecía en un instante con la subida de la marea.
Fue a visitar a una pareja que había conocido el año anterior. Ellos vivían en un pueblecito del interior y le presentaron a un amigo que viajaba a Llanes ese fin de semana.
Noemí tenía poco más de 20 años y andaba en busca del amor. Avelino era un apuestisimo hombre asturiano, rubio, con ojos azules, su nariz no era muy grande, se parecía mucho a Errol Flynn, tenía unos labios rojos y jugosos, unas manos grandes y espatuladas y los hombros anchos y bien formados. No hablaba mucho, con lo cual, durante el viaje, mi amiga se fue inventando un hombre maravilloso y lleno de ternura que la recogería entre sus brazos, le diría lo mucho que le gustaba y lo mucho que le apetecía hacer el amor con ella. Noemí dejó volar su imaginación.
Su sorpresa fue mayúscula cuando sintió que esos brazos, que ella había pensado tiernos, la atenazaban como garras y le impedían el movimiento dentro de la tienda de campaña que acababan de levantar.
¡Suéltame por favor!, le imploró, pero el celtíbero buscó su boca llenando de babas la cara de mi amiga. Desabrochó de un tirón la blusa de Noemí y mordió sus pezones como si se los quisiera arrancar. Encontró su vagina por debajo de la falda, le quitó las bragas e introdujo sus dedos bruscamente mientras ella profería un grito de dolor. La obligó a tumbarse sobre la manta que cubría el suelo de plástico del habitáculo, se montó sobre ella y un enorme pene blanco la taladró hasta lo más profundo de las entrañas. Con un movimiento de acróbata, Avelino, sacó el pene de la vagina y lo subió hasta la boca de Noemí que no podía respirar con semejante órgano taponando sus fosas nasales. Después, Avelino colocó su cabeza entre las piernas de mi amiga y absorbió con fruición los amoniacales perfumes de la menstruación de Noemí. Lamió con su enorme lengua de vaca la vagina y el clítoris de mi amiga. Le metió los dedos en el ano. Ella se quejó al tiempo que se excitaba. Mi amiga no podía defenderse. Se dejaba hacer mientras de su vagina emanaban cada vez fluidos mas intensos, y extraños orgasmos la hacían retorcerse de placer. Estaba aterrada. Avelino la colocó boca abajo y acercó el pene enrojecido hasta su ano, lo paseó por la espalda y de un empujón lo incrustó en el tierno orificio provocando el dolor y el llanto de mi amiga que se retorcía de placer pidiendo que la librara de aquel castigo. Él pareció calmarse. La lengua de Avelino lamió su ano, limpió el flujo sanguinoide que corría tímidamente entre las piernas de Noemí, colocó su boca en el clítoris y succionó y succionó hasta que su tamaño aumentó y se puso tan sensible que provocaba los alaridos de ella al tímido roce de su aliento.
Volvió a penetrarla por todos los agujeros del cuerpo y por fin, en una especie de rebuzno, Ave-lino dejó que su pene explotara en un orgasmo inacabable dentro de la vagina de Noemí. El jadeo de Avelino debía de oírse a kilómetros de distancia. Su polla permaneció dura por un tiempo, que parecieron horas, en el interior de aquella vagina virgen.
Noemí estaba aturdida, confundida, asustada, con una inexplicable sensación de placer.
Apenas Avelino recuperó el ritmo pausado de la respiración, llevó sus pezones a la boca de ella y su pene volvió a ponerse tan duro como una piedra. Agarró la larga melena negra de Noemí y la obligó a meterse de nuevo la polla en la boca. El guiaba el movimiento mientras gritaba, ¡Succiona! ¡Succiona!. Un líquido pastoso y blanquecino inundó la boca de mi amiga que casi se ahoga. El semen resbalaba por su cuello, por el pecho, por el vientre. Avelino rebuznaba de nuevo. Metió su polla todavía dura en la vagina. Empujó y empujó mientras mordía los labios de Noemí. Gritaron los dos. El episodio amoroso llegó a su fin.
Mi amiga quería huir, salir corriendo. No había nada ni nadie en aquella playa desierta. Un camino de cabras comunicaba con el pueblo más próximo y el coche no era suyo. Pasó la noche junto a su frustrado príncipe azul.
Por la mañana, tuvo que soportar de nuevo la polla de gigante penetrando su árida y seca vagina. El corazón helado, incapaz de llorar, asustada por la enorme cantidad de jugos que salian de su cuerpo, orgasmo tras orgasmo en una secuencia inacabable, gritando de dolor y de placer.
Jamás hablaron de aquella experiencia.
Era muy guapo, pero muy bestia el Ave-lino.
martes 6 de enero de 2009
CUENTO ERÓTICO. AVE-LINO
Publicado por
maite galiana
en
1/06/2009
Etiquetas: cuentos eróticos
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