viernes 20 de marzo de 2009

SÍNDROME DE IMBECILIDAD MENTAL TRANSITORIA

“SÍNDROME DE IMBECILIDAD MENTAL TRANSITORIA”
Qué alivio. Empezaba a pensar, bueno, la verdad es que hace ya algún tiempo que lo pienso, que era víctima de un delirio producido por algún desarreglo de mi organismo o de mi mente. Finalmente he llegado a la conclusión de que estoy enamorada y aunque me he sacudido la idea de visitar al siquiatra, no dejo de darle vueltas al caos que se ha apoderado de mi interior. Lo poco que he dejado trascender hacia afuera este sentimiento, me ha llenado de una sensación espantosa de ridículo.
Desde hace meses todos mis movimientos giraban en función de si estaría él o no estaría, pero esto subyacía tan al fondo y yo estaba tan metida en otras cuestiones que no me di cuenta de la atracción que sentía. Bueno, el caso es que ahora no me lo puedo quitar de la mente, vaya donde vaya está él y haga lo que haga esta él, si leo él, si escribo él, si me ducho él, en el espejo él, a la compra él y así hasta el infinito. Y sigue sin haber el más mínimo roce y ningún contacto intimo. ¿Será un delirio? vuelvo a preguntarme ¿una fantasía, una adicción romántica?
Pero ¡que alivio!

Una imperiosa necesidad de estar con él se apodera de mí, de comunicarme, de hablarle, de tocarle. Algo no va bien, las veces que nos hemos visto ni siquiera ha habido un amago de acercamiento. Ni un mínimo roce a pesar de que yo, con mi carácter directo y franco y entre bromas y risas, le he dicho que me gustaba.
Después de leer varios artículos sobre estas cuestiones llego a la conclusión de que estoy enamorada y que además dispongo de pocas probabilidades de ser correspondida. Parece mentira que esta emoción tan intensa sea solamente mía y él no la comparta, pero me rindo ante la evidencia.
De nada me sirven las horas de meditación, los razonamientos o la clarividencia. Me siento completamente poseída por una energía que no sé de donde procede. Me cuesta creer que de mi fantasía.
Mi cuerpo todavía no ha recuperado el equilibrio, me duele el estómago, que se me cerró como la puerta de un castillo, mi corazón, de vez en cuando, pega un latido suspirador o parece encogerse.
En realidad esto debería de ser bonito, maravilloso, mágico y no niego que de vez en cuando un subidón de endorfinas me hace tocar el cielo, pero caigo a tierra con bastante fuerza. Por mucho colchoncito que me ponga, él no está.
He leído que la dopamina o la oxitocina son responsables del enamoramiento pero eso no me consuela, no estoy presente en nada y quiero parar ya, pero no sé cómo. Es fácil decir que otro, pero no hay espacio en mi, él lo ocupa todo.
Y así, me siento aliviada porque sé que esta enfermedad se pasa, y me como la ansiedad y el deseo, en vez de besar su boca y morder su cuello. No me siento nada romántica y las mil poesías que me inspira se quedan atoradas entre hormonas y demás sustancias químicas.
No hablaré del miedo a que algo pase, ni del miedo que me embarga si no pasa. Así es que estoy por un lado pérdida y por otro aliviada. Según mi amiga Laura no hay ningún dato objetivo para pensar que yo le gusto pero aun no me he rendido, mantengo viva la esperanza. ¿Seré imbécil?
Maite Galiana 25-2-2009

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