Estudios recientes han demostrado que aquellas personas por las cuales se reza se recuperan antes o consiguen salir de una situación difícil con mayor facilidad que aquellas por las que no se reza. Desde este humilde blog queremos aportar nuestro granito de arena y unir nuestra oración a la de todos aquellos que lo pidan. Podeis enviar vuestras peticiones a mtgaliana@hotmail.com. Gracias. Maite Galiana

domingo, 16 de agosto de 2009

UN CURSO DE MILAGROS

MANUAL PARA EL MAESTRO.

5. ¿CÓMO SE LOGRA LA CURACIÓN?
1. Para que la curación pueda tener lugar, es necesario que se entienda el propósito de la ilusión de la enfermedad. 2Sin ese entendimiento la curación es imposible.

I. El propósito de la enfermedad

1. La curación se logra en el instante en que el enfermo deja de atribuirle valor al dolor. 2¿Quién elegiría sufrir a menos que pen­sase que con ello podría ganar algo, y algo que tiene valor para él? 3Indudablemente cree que está pagando un precio módico por algo de mayor valor, 4pues la enfermedad es una elección, una decisión. 5Es la elección de la debilidad, procedente de la equivocada convicción de que es fuerza. 6Cuando esto ocurre, se ve a la verdadera fuerza como una amenaza y a la salud como algo peligroso. 7La enfermedad es un método, concebido en la locura, para sentar al Hijo de Dios en el trono de su Padre. 8A Dios se le ve como algo externo, poderoso y feroz, ansioso por quedarse con todo el poder para Sí Mismo. 9Sólo con Su muerte puede Su Hijo conquistarle.
2. ¿Y qué representa la curación dentro de esta loca convicción? 2Simboliza la derrota del Hijo de Dios y el triunfo de su Padre sobre él. 3Representa el desafío supremo -en forma directa- que el Hijo se ve forzado a aceptar. 4Representa todo lo que él se ocultaría a sí mismo para proteger su "vida" 5Si se cura, él es responsable de sus pensamientos. 6Y si es responsable de sus pensamientos, será destruido a fin de demostrarle cuán débil y miserable era. 7Mas si él mismo elige la muerte, su debilidad se convierte en su fuerza. 8Ahora se ha impuesto a sí mismo lo que Dios le habría impuesto, y de esta forma ha usurpado completa­mente el trono de su Creador.

II. Un cambio de percepción

1. La curación es directamente proporcional al grado de recono­cimiento alcanzado con respecto a la falta de valor de la enferme­dad. 2Sólo con decir: "Con esto no gano nada" uno se curaría. 3Pero antes de uno poder decir esto, es preciso reconocer ciertos hechos. 4En primer lugar, resulta obvio que las decisiones son algo propio de la mente, no del cuerpo. 5Si la enfermedad no es más que un enfoque defectuoso de solventar problemas, tiene que ser entonces una decisión. 6Y si es una decisión, es la mente, y no el cuerpo, la que la toma. 7La resistencia a reconocer este hecho es enorme, ya que la existencia del mundo tal como lo percibes depende de que sea el cuerpo el que toma las decisiones. 8Términos tales como "instintos", "reflejos" y otros similares, re­presentan intentos de dotar al cuerpo con motivadores no mentales. 9En realidad, tales términos no hacen más que enunciar o describir el problema, 10pero no lo resuelven.
2. La base fundamental de la curación es la aceptación del hecho de que la enfermedad es una decisión que la mente ha tomado a fin de lograr un propósito para el cual se vale del cuerpo. 2Y esto es cierto con respecto a cualquier clase de curación. 3El paciente que acepta esto se recupera. 4Si se decide en contra de la recupe­ración, no sanará. 5¿Quién es el médico entonces? 6La mente del propio paciente. 7El resultado acabará siendo el que él decida. 8Agentes especiales parecen atenderle, sin embargo, no hacen otra cosa que dar forma a su elección. 9Los escoge con vistas a darle forma tangible a sus deseos. 10Y eso es lo único que hacen. 11En realidad, no son necesarios en absoluto. 12El paciente podría sencillamente levantarse sin su ayuda y decir: "No tengo nin­guna necesidad de esto". 13No hay ninguna forma de enfermedad que no se curase de inmediato.
3. ¿Qué es lo único que se necesita para que este cambio de per­cepción tenga lugar? 2Simplemente esto: el reconocimiento de que la enfermedad es algo propio de la mente, y de que no tiene nada que ver con el cuerpo. 3¿Qué te "cuesta" este reconocimiento? 4Te cuesta el mundo que ves, pues ya nunca más te parecerá que es el mundo el que gobierna a la mente. 5Con este reconocimiento se le atribuye la responsabilidad a quien verdaderamente la tiene: no al mundo, sino a aquel que contempla el mundo y lo ve como no es. 6Pues ve únicamente lo que elige ver. 7Ni más ni menos. 8El mundo no le hace nada. 9Pero él pensaba que le hacía algo. 9ÉI tampoco le hace nada al mundo, ya que estaba equivocado con respecto a lo que el mundo era. 11En esto radica tu liberación de la culpabilidad y de la enfermedad, pues ambas son una misma cosa. 12Sin embargo, para aceptar esta liberación, la insignificancia del cuerpo tiene que ser una idea aceptable.
4. Con esta idea, el dolor desaparece para siempre. 2Pero con esta idea desaparece también cualquier confusión acerca de la crea­ción. 3¿Cómo podría ser de otra manera? 4Basta con poner causa y efecto en su verdadera secuencia con respecto a algo para que el aprendizaje se generalice y transforme al mundo. 5El valor de la transferencia de una idea verdadera no tiene límites ni final. 6El resultado final de esta lección es el recuerdo de Dios. 7¿Qué significado tienen ahora la culpabilidad, la enfermedad, el dolor, los desastres y todos los sufrimientos? 8Al no tener ningún pro­pósito, no pueden sino desaparecer. 9Y con ellos desaparecen también todos los efectos que parecían tener. 10Causa y efecto no son sino una réplica de la creación. 11Vistos en su verdadera pers­pectiva, sin distorsiones y sin miedo, re-establecen el Cielo.

III. La función del maestro de Dios

1. Si el paciente tiene que cambiar de mentalidad para poderse curar, ¿qué puede hacer el maestro de Dios? 2¿Puede cambiar la mentalidad del paciente por él? 3Desde luego que no. 4Para aque­llos que ya están dispuestos a cambiar de mentalidad, la función del maestro de Dios no es otra que la de regocijarse con ellos, pues se han convertido en maestros de Dios junto con él. 5Con aquellos que no entienden lo que es la curación, no obstante, tiene una función más específica. 6Estos pacientes no se dan cuenta de que ellos mismos han elegido la enfermedad. 7Por el contrario, creen que la enfermedad los ha elegido a ellos. 8No tienen tampoco una mentalidad abierta al respecto. 9El cuerpo les dice lo que tienen que hacer y ellos obedecen. 10No tienen idea de cuán demente es este concepto. 11Sólo con que lo sospecharan, se curarían. 12Pero no sospechan nada. 13Para ellos la separación es absolutamente real.
2. Los maestros de Dios van a estos pacientes representando otra alternativa que dichos pacientes habían olvidado. 2La simple pre­sencia del maestro de Dios les sirve de recordatorio. 3Sus pensa­mientos piden el derecho de cuestionar lo que el paciente ha aceptado como verdadero. 4En cuanto que mensajeros de Dios, los maestros de Dios son los símbolos de la salvación. 5Le piden al paciente que perdone al Hijo de Dios en su Nombre. 6Repre­sentan la Alternativa. 7Con la Palabra de Dios en sus mentes, vienen como una bendición, no para curar a los enfermos sino para recordarles que hay un remedio que Dios les ha dado ya. 8No son sus manos las que curan. 9No son sus voces las que pro­nuncian la Palabra de Dios, 10sino que dan sencillamente lo que se les ha dado y exhortan dulcemente a sus hermanos a que se aparten de la muerte: 11¡He aquí, Hijo de Dios, lo que la Vida te puede ofrecer! 12¿Prefieres elegir la enfermedad en su lugar?"
3. Los maestros de Dios avanzados no toman en consideración, ni por un instante, las formas de enfermedad en las que sus her­manos creen. 2Hacerlo sería olvidar que todas ellas tienen el mismo propósito y que, por lo tanto, no son en modo alguno diferentes. 3Los maestros de Dios tratan de oír la Voz de Dios en ese hermano que se engaña a sí mismo hasta el punto de creer que el Hijo de Dios puede sufrir. 4Y le recuerdan que él no se hizo a sí mismo y que aún es tal como Dios lo creó. 5Los maestros de Dios reconocen que las ilusiones no pueden tener efectos. 6La verdad que se encuentra en sus mentes se extiende hasta la ver­dad que se encuentra en las mentes de sus hermanos, y de este modo no refuerzan sus ilusiones. 7Así éstas se llevan ante la ver­dad; la verdad no se lleva ante ellas. 8Y de esta manera se disipan, no por medio de la voluntad de otro, sino por medio de la única Voluntad que existe en unión Consigo Misma. 9Ésta es la función de los maestros de Dios: no ver voluntad alguna separada de la suya, ni la suya separada de la de Dios.

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