Obviamente el dilema de quien abandonó su fe es la tremenda confusión en que quedó. Se cree perdido y no tiene ni siquiera el alivio de una convicción. No alcanza a lograr, así sea en grado mínimo, la seguridad que tiene el creyente, el agnóstico o el ateo. Queda perplejo.
doce pasos y doce tradiciones pg.30
Durante mis primeros años de sobriedad, yo me resistía al concepto de Dios. Las imágenes que me venían, conjuras de mi pasado, estaban cargadas de temor, rechazo y condena. Entonces oí describir a mi amigo Ed la imagen que tenia de un Poder Superior. Cuando era niño se le había permitido tener una camada de perritos siempre que asumiera la responsabilidad de cuidar de ellos. Todas las mañanas encontraba las inevitables deposiciones de sus perritos en el piso de la cocina. A pesar de sus frustraciones, Ed decía que no podía enojarse por que esto es "natural" en sus cachorritos. Ed decía que Dios ve nuestros defectos y faltas con una comprensión y cariño similares. A menudo he encontrado solaz de mi confusión personal en el concepto tranquilizador que Ed tenia de Dios.
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