lunes 30 de marzo de 2009

UN CURSO DE MILAGROS. MANUAL PARA EL MAESTRO.

4. ¿CUÁLES SON LAS CARACTERÍSTICAS DE LOS MAESTROS DE DIOS?

1. Las características superficiales de los maestros de Dios no son en modo alguno similares. 2Si se les mira con los ojos del cuerpo, se observa que no hay parecido entre ellos, que vienen de ambientes totalmente distintos, que sus experiencias acerca del mundo varían enormemente y que sus "personalidades" exter­nas son muy diversas. 3 Durante las primeras etapas en el desem­peño de su función como maestros de Dios, no han adquirido todavía las profundas características que los establecerán como lo que son.4 Dios concede dones especiales a Sus maestros porque tienen un papel especial que desempeñar en Su plan para la Expiación. 5El que sean especiales es, por supuesto, una condi­ción estrictamente temporal, establecida en el tiempo a fin de que les lleve más allá de él. 6 Estos dones especiales, nacidos de la relación santa hacia la que se encamina la situación de aprendi­zaje-enseñanza, se convierten en algo característico de todos los maestros de Dios que han progresado en su aprendizaje. 7Desde este punto de vista todos son iguales.
2. Cualquier diferencia entre los Hijos de Dios es siempre tempo­ral. 2Puede afirmarse, no obstante, que, en el tiempo, los maestros de Dios más avanzados poseen las siguientes características:

I. Confianza

1. He aquí la base sobre la que descansa su capacidad para llevar a cabo su función. 2 La percepción es el resultado de lo que se ha aprendido. 3De hecho, la percepción es lo que se ha aprendido, ya que causa y efecto nunca se encuentran separados. 4Los maestros de Dios tienen confianza en el mundo porque han aprendido que no está regido por las leyes que el mundo inventó. 5Está regido por un Poder que se encuentra en ellos, pero que no es de ellos. 6Este Poder es el que mantiene todas las cosas a salvo. 7Mediante este Poder los maestros de Dios contemplan un mundo perdo­nado.
2. Una vez que hemos experimentado ese Poder, es imposible volver a confiar en nuestra insignificante fuerza propia. 2¿Quién trataría de volar con las minúsculas alas de un gorrión, cuando se le ha dado el formidable poder de un águila? 3¿Y quién pondría su fe en las miserables ofrendas del ego, cuando los dones de Dios se encuentran desplegados ante él? 4¿Qué induce a los maestros de Dios a efectuar ese cambio?

A. Desarrollo de la confianza

3. En primer lugar, tienen que pasar por lo que podría calificarse como un "período de des-hacimiento". 2Ello no tiene por qué ser doloroso, aunque normalmente lo es. 3Durante ese período parece como si nos estuviesen quitando las cosas, y raramente se com­prende en un principio que estamos simplemente reconociendo su falta de valor. 4¿De qué otro modo se iba a poder percibir lo que no tiene valor, a no ser que el perceptor estuviese en una posición desde la que no puede sino ver las cosas de otra manera? 5Aún no ha llegado al punto en el que puede efectuar el cambio interno totalmente. 6Por ello, el plan a veces requiere que se efectúen cambios en lo que parecen ser las circunstancias externas. 7Estos cambios son siempre beneficiosos. 8Una vez que el maestro de Dios ha aprendido esto, pasa a la segunda fase.
4. Ahora el maestro de Dios tiene que pasar por un "período de selección". 2Este período es siempre bastante difícil, pues al haber aprendido que los cambios que se producen en su vida son siem­pre beneficiosos, tiene entonces que tomar todas sus decisiones sobre la base de si contribuyen a que el beneficio sea mayor o menor. 3Descubrirá que muchas cosas, si no la mayoría de las que antes valoraba, tan sólo obstruyen su capacidad para transferir lo que ha aprendido a las nuevas situaciones que se le presentan. 4Puesto que ha valorado lo que en verdad no vale nada, no gene­ralizará la lección por temor a lo que cree pueda perder o deba sacrificar. 5Se necesita haber aprendido mucho para poder llegar a entender que todas las cosas, acontecimientos, encuentros y cir­cunstancias son provechosos. 6Sólo en la medida en que son provechosos, deberá concedérseles algún grado de realidad en este mundo de ilusiones. 7La palabra "valor" no puede aplicarse a nada más.
5. La tercera fase por la que el maestro de Dios tiene que pasar podría llamarse "un período de renuncia". 2Si se interpreta esto como una renuncia a lo que es deseable, se generará un enorme conflicto. 3Son pocos los maestros de Dios que se escapan comple­tamente de esta zozobra. 4No tiene ningún sentido, no obstante, separar lo que tiene valor, de lo que no lo tiene, a menos que se dé el paso que sigue naturalmente. 5Por lo tanto, el período de transi­ción tiende a ser un período en el que el maestro de Dios se siente obligado a sacrificar sus propios intereses en aras de la verdad. 6Todavía no se ha dado cuenta de cuán absolutamente imposible sería una exigencia así. 7Esto sólo lo puede aprender a medida que renuncia realmente a lo que no tiene valor. 8Mediante esa renun­cia, aprende que donde esperaba aflicción, encuentra en su lugar una feliz despreocupación; donde pensaba que se le pedía algo, se encuentra agraciado con un regalo.
6. Ahora llega "un período de asentamiento". 2Es éste un período de reposo, en el que el maestro de Dios descansa razonablemente en paz por un tiempo. 3Ahora consolida su aprendizaje. 4Ahora comienza a ver el valor de transferir lo que ha aprendido de unas situaciones a otras. 5El potencial de lo que ha aprendido es literal­mente asombroso, y el maestro de Dios ha llegado a un punto en su progreso desde el que puede ver que en dicho aprendizaje radica su escape. 6"Renuncia a lo que no quieres y quédate con lo que sí quieres." 7¡Qué simple es lo obvio! 8¡Y qué fácil! 9El maes­tro de Dios necesita este período de respiro. 10Todavía no ha lle­gado tan lejos como cree. 11Mas cuando esté listo para seguir adelante, marcharán a su lado compañeros poderosos. 12Ahora descansa por un rato, y los convoca antes de proseguir. 13A partir de ahí ya no seguirá adelante solo.
7. La siguiente fase es ciertamente un "período de inestabilidad". 2El maestro de Dios debe entender ahora que en realidad no sabía distinguir entre lo que tiene valor y lo que no lo tiene. 3Lo único que ha aprendido hasta ahora es que no desea lo que no tiene valor y que sí desea lo que lo tiene. 4Su propio proceso de selección, no obstante, no le sirvió para enseñarle la diferencia. 5La idea de sacrificio, tan fundamental en su sistema de pensa­miento, imposibilitó el que pudiese discernir. 6Pensó que había aprendido a estar dispuesto, pero ahora se da cuenta de que no sabe para qué sirve estar dispuesto. 7Ahora tiene que alcanzar un estado que puede permanecer fuera de su alcance por mucho, mucho tiempo. 8Tiene que aprender a dejar de lado todo juicio, y a preguntarse en toda circunstancia qué es lo que realmente quiere. 9De no ser porque cada uno de los pasos en esta dirección está tan fuertemente reforzado, ¡cuán difícil sería darlos!
8. Finalmente llega "un período de logros" 2Ahora es cuando se consolida su aprendizaje. 3Lo que antes se consideraban simples sombras, se han convertido ahora en ganancias sustanciales, con las que puede contar en cualquier "emergencia"' , así como tam­bién en los períodos de calma. 4En efecto, el resultado de esas ganancias no es otro que la tranquilidad: el fruto de un aprendi­zaje honesto, de un pensamiento congruente y de una transferen­cia plena. 5Ésta es la fase de la verdadera paz, pues aquí se refleja plenamente el estado celestial. 6A partir de ahí, el camino al Cielo está libre y despejado y no presenta ninguna dificultad. 7En reali­dad, ya está aquí. 8¿Quién iba a querer ir a ninguna otra parte, si ya goza de absoluta paz? 9¿Y quién querría cambiar su tranqui­lidad por algo más deseable? 10¿Qué podría ser más deseable?

II. Honestidad

1. Todas las demás características de los maestros de Dios se basan en la confianza. 2Una vez que ésta se ha alcanzado, las otras se suceden naturalmente. 3Sólo los que tienen confianza pueden permitirse ser honestos, pues sólo ellos pueden ver el valor de la honestidad. 4La honestidad no se limita únicamente a lo que dices. 5El verdadero significado del término es congruencia: 6nada de lo que dices está en contradicción con lo que piensas o haces; ningún pensamiento se opone a otro; ningún acto contradice tu palabra ni ninguna palabra está en desacuerdo con otra. 7Así son los verda­deramente honestos. 8No están en conflicto consigo mismos a nin­gún nivel. 9Por lo tanto, les es imposible estar en conflicto con nada o con nadie.
2. La paz que experimentan los maestros de Dios avanzados se debe en gran medida a su perfecta honestidad. 2Sólo el deseo de engañar da lugar a la pugna. 3El que es uno consigo mismo, no puede ni siquiera concebir el conflicto. 4El conflicto es el resul­tado inevitable del auto-engaño, y el auto-engaño es deshonesti­dad. 5Para un maestro de Dios nada supone un desafío, 6pues ello implicaría que se abrigan dudas, y la confianza en la que los maestros de Dios descansan con absoluta seguridad hace que les sea imposible dudar. 7Por lo tanto, sólo pueden triunfar. 8En esto, como en todo, son honestos. 9Sólo pueden triunfar porque nunca hacen su propia voluntad. 10Eligen por toda la humanidad, por todo el mundo y por todas las cosas que en él habitan; por lo que es inalterable e inmutable más allá de las apariencias, y por el Hijo de Dios y su Creador. 11¿Cómo no iban a triunfar? 12Eligen con perfecta honestidad, tan seguros de sí mismos como de su elección.

III. Tolerancia.

1. Los maestros de Dios no juzgan. 2juzgar es ser deshonesto, pues es asumir un papel que no te corresponde. 3Es imposible juzgar sin engañarse uno a sí mismo. 4Juzgar implica que te has engañado con respecto a tus hermanos. 5¿Cómo, entonces, no te ibas a haber engañado con respecto a ti mismo? 6Juzgar implica falta de confianza, y la confianza sigue siendo la piedra angular de todo el sistema de pensamiento del maestro de Dios. 7Si la pierde, todo su aprendizaje se malogra. 8Sin juicios, todas las cosas son igualmente aceptables, pues en tal caso, ¿quién podría juzgarlas? 9Sin juicios, todos los hombres son hermanos, pues en ese caso, ¿quién se encontraría aparte? 10Juzgar destruye la hones­tidad y quebranta la confianza. 11El maestro de Dios no puede juzgar y al mismo tiempo esperar aprender.

IV. Mansedumbre

1. Para los maestros de Dios el daño es algo imposible. 2No pue­den infligirlo ni sufrirlo. 3El daño es el resultado de juzgar. 4Es el acto deshonesto que sigue a un pensamiento deshonesto. 5Es un veredicto de culpabilidad contra un hermano, y por ende, contra uno mismo. 6Representa el fin de la paz y la negación del apren­dizaje. 7Demuestra la ausencia del plan de aprendizaje Dios y el hecho de haber sido sustituido por la demencia. 8Todo maes­tro de Dios tiene que aprender -y bastante pronto en su proceso de formación- que hacer daño borra completamente su función de su conciencia. 9Hacer daño le confundirá, le hará abrigar sos­pechas y sentir ira y temor. 10Hará que le resulte imposible apren­der las lecciones del Espíritu Santo. 11Tampoco podrá oír al Maestro de Dios, Quien sólo puede ser oído por aquellos que se dan cuenta de que hacer daño, de hecho, no lleva a ninguna parte, y de que nada provechoso puede proceder de ello. 12Los maestros de Dios, por lo tanto, son completamente mansos.
2. Necesitan la fuerza de la mansedumbre, pues gracias a ella la función de la salvación se vuelve fácil. 2Para los que hacen daño, llevar a cabo dicha función es imposible. 3Pero para quienes el daño no tiene significado, la función de la salvación es sencillamente algo natural. 4¿Qué otra elección sino ésta tiene sentido para el que está en su sano juicio? 5¿Quién, de percibir un camino que conduce al Cielo, elegiría el infierno? 6¿Y quién elegiría la debilidad que irremediablemente resulta de hacer daño, cuando puede elegir la fuerza infalible, todo-abarcante e ilimitada de la mansedumbre? 7El poder de los maestros de Dios radica en su mansedumbre, pues han entendido que los pensamientos de mal­dad no emanan del Hijo de Dios ni de su Creador. 8Por lo tanto, unen sus pensamientos a Aquel que es su Fuente. 9Y así, su voluntad, que siempre fue la de Dios, queda libre para ser como es.

V. júbilo

1. El júbilo es el resultado inevitable de la mansedumbre. 2La mansedumbre significa que el miedo es ahora imposible. 3¿Qué podría entonces obstaculizar el júbilo? 4Las manos abiertas de la mansedumbre están siempre colmadas. 5Los mansos no experi­mentan dolor. 6No pueden sufrir. 7¿Cómo no habrían de ser feli­ces? 8Están seguros de que son amados y de que, por lo tanto, están a salvo. 9El júbilo va unido a la mansedumbre tan inevita­blemente como el pesar acompaña al ataque. 10Los maestros de Dios confían en Él y están seguros de que Su Maestro va delante de ellos, asegurándose de que no les acontezca ningún daño. 11Disponen de Sus dones y siguen Su camino porque la Voz de Dios los dirige en todo. 12El júbilo es su himno de gratitud. 13Y Cristo los contempla también con agradecimiento. 14La necesidad que Él tiene de ellos es tan grande como la que ellos tienen de Él. 15¡Qué gozo tan inmenso compartir el propósito de la salvación!

VI. Indefensión

1. Los maestros de Dios han aprendido a ser sencillos. 2No tienen sueños que tengan que defender contra la verdad. 3No tratan de forjarse a sí mismos. 4Su júbilo procede de saber Quién los creó. 5¿Y es acaso necesario defender lo que Dios creó? 6Nadie puede convertirse en un maestro de Dios avanzado hasta que no com­prenda plenamente que las defensas no son más que absurdos guardianes de ilusiones descabelladas. 7Cuanto más grotesco es el sueño, más formidables y poderosas parecen ser sus defensas. 8Sin embargo, cuando el maestro de Dios acepta finalmente mirar más allá de ellas, se da cuenta de que allí no había nada. 9Lenta­mente al principio, permite que se le desengañe, 10pero a medida que su confianza aumenta, aprende más rápido. 11Cuando se abandonan las defensas no se experimenta peligro. 12Lo que se experimenta es seguridad. 13Lo que se experimenta es paz. 14Lo que se experimenta es dicha. 15Y lo que se experimenta es Dios.

VII. Generosidad

1. La palabra generosidad tiene un significado especial para el maestro de Dios. 2No es el significado usual de la palabra; de hecho, es un significado que tiene que aprenderse, y aprenderse muy bien. 3Al igual que todos los demás atributos de los maes­tros de Dios, éste se basa a fin de cuentas en la confianza, puesto que sin confianza nadie puede ser generoso en el verdadero sen­tido de la palabra. 4Para el mundo, generosidad significa "dar" en el sentido de "perder". 5Para los maestros de Dios, generosi­dad significa dar en el sentido de conservar. 6Se ha hecho hinca­pié en esta idea a lo largo del texto, así como en el libro de ejercicios, pero tal vez sea más extraña para el pensamiento del mundo que muchas de las otras ideas de nuestro programa de estudios. 7Lo que la hace más extraña es el hecho de que es obvia­mente lo opuesto a la manera de pensar del mundo. 8De la manera más clara posible y en el más simple de los niveles, la palabra significa exactamente lo opuesto para los maestros de Dios que para el mundo.
2. El maestro de Dios es generoso en interés propio. 2Pero no nos referimos aquí al interés propio del ser del que el mundo habla. 3El maestro de Dios no quiere nada que él no pueda dar, pues se da cuenta de que, por definición, ello no tendría ningún valor para él. 4¿Para qué lo iba a querer? 5Sólo podría perder por su causa. 6No podría ganar nada. 7Por lo tanto, no busca nada que sea sólo para él, ya que eso sería la garantía de que lo perdería. 8No quiere sufrir. 9¿Por qué entonces iba a querer buscarse dolor? 10Pero sí quiere conservar todas las cosas que son de Dios, y que, por ende, son para Su Hijo. 11Ésas son las cosas que le pertenecen. 12Esas si que las puede dar con verdadera generosidad, conser­vándolas de este modo para sí mismo eternamente.

VIII. Paciencia

1. Los que están seguros del resultado final pueden permitirse el lujo de esperar, y esperar sin ansiedad. 2Para el maestro de Dios tener paciencia es algo natural. 3Todo lo que ve son resultados seguros que ocurrirán en un momento que tal vez aún le sea desconocido, pero que no pone en duda. 4El momento será tan apropiado como la respuesta. 5Y esto es verdad con respecto a todo lo que ocurre ahora u ocurra en el futuro. 6En el pasado no se produjeron tampoco errores ni ocurrió nada que no sirviese para beneficiar al mundo, así como a aquel a quien aparente­mente le ocurrió. 7Tal vez esto no se entendió así en su momento. 8Con todo, el maestro de Dios está dispuesto a reconsiderar todas sus decisiones pasadas, si éstas le están causando dolor a alguien. 9Tener paciencia es algo natural para aquellos que tienen con­fianza. 10Seguros de la interpretación final de todas las cosas en el tiempo, ningún resultado, ya visto o por venir, puede causarles temor alguno.

IX. Fe

1. El grado de fe de un maestro de Dios indica cuán avanzado se encuentra en su programa de estudios. 2¿Pone en práctica este aprendizaje sólo en algunos aspectos de su vida mientras man­tiene otros aparte? 3De ser así, su progreso es lento y su confianza aún no se ha arraigado firmemente. 4La fe es la confianza que el maestro de Dios tiene de que la Palabra de Dios ha de resolver todas las cosas perfectamente. No sólo algunas, sino todas. 5Comienza generalmente poniendo su fe en la resolución de sólo algunos problemas, manteniéndola así cuidadosamente restrin­gida por un tiempo. 6Someter todos los problemas a una sola Res­puesta es invertir completamente la manera de pensar del mundo. 7Y sólo eso es fe. 8Ninguna otra cosa merece que se le llame por ese nombre. 9Con todo, vale la pena lograr cada avance, por pequeño que sea. 10Estar dispuesto, como indica el texto, no quiere decir que se haya alcanzado la maestría.
2. La verdadera fe, sin embargo, no se desvía. 2Al ser consistente, es completamente honesta. 3Al ser firme, goza de absoluta con­fianza. 4Al estar basada en la ausencia de temor, es mansa. 5Al gozar de certeza, rebosa júbilo, 6y al tener confianza, es tolerante. 7La fe, por lo tanto, encierra en sí todos los demás atributos de los maestros de Dios, 8y entraña la aceptación de la Palabra de Dios y de la definición que Él tiene de Su Hijo. 9Hacia Ellas es adonde la fe, en el verdadero sentido de la palabra, siempre se dirige. 10En Ellas tiene puestas sus miras, buscando hasta que las encuentra. 11La indefensión naturalmente la acompaña, y su condición es el júbilo. 12Y una vez que las encuentra, descansa con sosegada cer­teza sólo en Aquello que es digno de toda fe.

X. Mentalidad abierta

1. El papel central que ocupa la mentalidad abierta -quizá el último de los atributos que el maestro de Dios adquiere- puede entenderse fácilmente cuando se reconoce la relación que guarda con el perdón. 2La mentalidad abierta procede de una ausencia de juicios. 3De la misma manera en que los juicios cierran la mente impidiéndole la entrada al Maestro de Dios, de igual modo la mentalidad abierta lo invita a entrar. 4De la misma manera en que la condenación juzga al Hijo de Dios como mal­vado, de igual modo la mentalidad abierta permite que sea juz­gado por la Voz de Dios en Su Nombre. 5De la misma manera en que la proyección de la culpabilidad sobre él lo enviaría al infierno, de igual modo la mentalidad abierta permite que la imagen de Cristo le sea extendida. 6Sólo aquellos que tienen una mentalidad abierta pueden estar en paz, pues son los únicos que ven razones para ello.
2. ¿Cómo perdonan los que tienen una mentalidad abierta? 2Han renunciado a todas las cosas que les impediría perdonar. 3Han abandonado realmente el mundo, y han permitido que éste les sea restaurado con tal frescura y en júbilo tan glorioso, que jamás hubiesen podido concebir un cambio así. 4Nada es ahora como era antes. 5Todo lo que antes parecía opaco y sin vida, ahora no hace sino refulgir. 6Lo que es más, todas las cosas les dan la bien­venida, ya que ha desaparecido toda sensación de amenaza. 7Ya no quedan tinieblas que oculten la faz de Cristo. 8Ya se ha logrado el objetivo. 9El perdón es la meta final del programa de estudios, 10pues allana el camino para lo que se encuentra más allá de todo aprendizaje. 11El programa de estudios no hace nin­gún esfuerzo por excederse de su verdadero objetivo. 12El perdón es su único objetivo, en el cual converge en última instancia todo aprendizaje. 13Ciertamente eso es suficiente.
3. Habrás notado que la lista de atributos de los maestros de Dios no incluye las características que constituyen la herencia del Hijo de Dios. 2Términos tales como amor, inocencia, perfección, cono­cimiento y verdad eterna no aparecen en este contexto, 3pues no serían apropiados aquí. 4Lo que Dios ha dado está tan remota­mente alejado de nuestro programa de estudios, que el aprendi­zaje no puede sino desaparecer ante su presencia. 5Sin embargo, mientras su presencia esté velada, el enfoque ha de centrarse necesariamente en el programa de estudios. 6La función de los maestros de Dios es llevar al mundo el verdadero aprendizaje. 7Propiamente dicho, lo que llevan es un des-aprendizaje, que es a lo único que se le puede llamar "verdadero aprendizaje" en este mundo. 8A los maestros de Dios se les ha encomendado la fun­ción de llevar al mundo las buenas nuevas del completo perdón. 9Bienaventurados son en verdad, pues son los portadores de la salvación.

viernes 20 de marzo de 2009

SÍNDROME DE IMBECILIDAD MENTAL TRANSITORIA

“SÍNDROME DE IMBECILIDAD MENTAL TRANSITORIA”
Qué alivio. Empezaba a pensar, bueno, la verdad es que hace ya algún tiempo que lo pienso, que era víctima de un delirio producido por algún desarreglo de mi organismo o de mi mente. Finalmente he llegado a la conclusión de que estoy enamorada y aunque me he sacudido la idea de visitar al siquiatra, no dejo de darle vueltas al caos que se ha apoderado de mi interior. Lo poco que he dejado trascender hacia afuera este sentimiento, me ha llenado de una sensación espantosa de ridículo.
Desde hace meses todos mis movimientos giraban en función de si estaría él o no estaría, pero esto subyacía tan al fondo y yo estaba tan metida en otras cuestiones que no me di cuenta de la atracción que sentía. Bueno, el caso es que ahora no me lo puedo quitar de la mente, vaya donde vaya está él y haga lo que haga esta él, si leo él, si escribo él, si me ducho él, en el espejo él, a la compra él y así hasta el infinito. Y sigue sin haber el más mínimo roce y ningún contacto intimo. ¿Será un delirio? vuelvo a preguntarme ¿una fantasía, una adicción romántica?
Pero ¡que alivio!

Una imperiosa necesidad de estar con él se apodera de mí, de comunicarme, de hablarle, de tocarle. Algo no va bien, las veces que nos hemos visto ni siquiera ha habido un amago de acercamiento. Ni un mínimo roce a pesar de que yo, con mi carácter directo y franco y entre bromas y risas, le he dicho que me gustaba.
Después de leer varios artículos sobre estas cuestiones llego a la conclusión de que estoy enamorada y que además dispongo de pocas probabilidades de ser correspondida. Parece mentira que esta emoción tan intensa sea solamente mía y él no la comparta, pero me rindo ante la evidencia.
De nada me sirven las horas de meditación, los razonamientos o la clarividencia. Me siento completamente poseída por una energía que no sé de donde procede. Me cuesta creer que de mi fantasía.
Mi cuerpo todavía no ha recuperado el equilibrio, me duele el estómago, que se me cerró como la puerta de un castillo, mi corazón, de vez en cuando, pega un latido suspirador o parece encogerse.
En realidad esto debería de ser bonito, maravilloso, mágico y no niego que de vez en cuando un subidón de endorfinas me hace tocar el cielo, pero caigo a tierra con bastante fuerza. Por mucho colchoncito que me ponga, él no está.
He leído que la dopamina o la oxitocina son responsables del enamoramiento pero eso no me consuela, no estoy presente en nada y quiero parar ya, pero no sé cómo. Es fácil decir que otro, pero no hay espacio en mi, él lo ocupa todo.
Y así, me siento aliviada porque sé que esta enfermedad se pasa, y me como la ansiedad y el deseo, en vez de besar su boca y morder su cuello. No me siento nada romántica y las mil poesías que me inspira se quedan atoradas entre hormonas y demás sustancias químicas.
No hablaré del miedo a que algo pase, ni del miedo que me embarga si no pasa. Así es que estoy por un lado pérdida y por otro aliviada. Según mi amiga Laura no hay ningún dato objetivo para pensar que yo le gusto pero aun no me he rendido, mantengo viva la esperanza. ¿Seré imbécil?
Maite Galiana 25-2-2009

jueves 19 de marzo de 2009

HORÓSCOPO ABRIL 2009. ARIES

Horóscopo Abril 2009.

ARIES.
El Sol transitará por el signo de Aries del 20 de marzo al 20 de abril. Los signos de fuego (Aries, Leo y Sagitario) gozarán de buenas influencias, aunque el periodo en general amenaza con ser bastante tenso para todos los signos. Si Neptuno nos espoleó con su tridente, en días anteriores, robándonos la paz con extrañas pasiones, no parece que Marte, siempre en pie de guerra, vaya a dejarnos descansar. Tendremos que tener mucho cuidado con los enfrentamientos, encontrar el camino del correcto hablar si no queremos vernos envueltos en trifulcas de cualquier tipo. A Marte le encanta meter cizaña y cualquier cosa le sirve para guerrear. Ojito con los celos, sean fundados o infundados mejor esperar o visitar al sicólogo. Las fantasías románticas podrían atacar seriamente. Calma “todo pasa” y esto también pasará.
Cuenta, Robert Graves, en su libro “Dioses y Héroes de la antigua Grecia”, detalles de la distribución de Olimpo, que lugar ocupaba cada dios y junto a quien se sentaba. El Ares griego es el equivalente al Marte romano.
{….}Frente a Afrodita se sentaba Ares, el alto, guapo, presumido y cruel hermano de Hefestos, a quien le gustaba luchar por luchar. Ares y Afrodita estaban continuamente cogidos de la mano y cuchicheando en los rincones, lo que ponía celoso a Hefestos. Si alguna vez éste se quejaba de ello en el consejo, Zeus se reía de él y le decía: «Tonto,
¿Por qué le diste a tu esposa ese ceñidor mágico? ¿Puedes culpar a tu hermano si se enamoró de Afrodita cuando lo llevaba puesto?».
El trono de Ares, recio y feo, era de bronce, tenía unas calaveras en relieve ¡y estaba tapizado con piel humana! Ares era maleducado, inculto y tenía el peor de los gustos; pero Afrodita lo veía magnífico. Sus símbolos eran un jabalí y una lanza manchada de sangre. Tenía una casa de campo entre los espesos bosques de Tracia.

Aries. El fuego de la pasión podría abrazarte, ten mucho cuidadin y no pongas en peligro tu esforzada tranquilidad.
Salud………..suelta adrenalina
Dinero………bien
Amor………..apasionamiento
Nº suerte…..6

Tauro. Un periodo excelente para disfrutar de tus logros laborales, se feliz día a día.
Salud………….cansancio
Dinero…………bien
Amor……………frio
Nº suerte………2

Géminis. Asuntos familiares te mantendrán ocupado. Cambios de casa, obras o reparaciones.
Salud……………la garganta
Dinero………….bien
Amor……………excelente
Nº suerte………3

Cáncer. Parece que seguiremos en periodo de espera, no se concretan los cambios que tanto deseamos.
Salud………….los oídos
Dinero………..bien
Amor………….esperanza
Nº suerte……4

Leo. Los temas económicos seguirán dándote quebraderos de cabeza. Todo se solucionará de la mejor manera. Adminístrate bien
Salud……………lumbago
Dinero………….justo
Amor……………excelente
Nº suerte………5

Virgo. Estarás lleno de vitalidad y nuevas ilusiones llegarán a tu vida. Periodo para disfrutar de la familia y los amigos
Salud…………..bien
Dinero…………bien
Amor……………bien
Nº suerte………6

Libra. Procura no discutir o una suave brisa podría convertirse en un peligroso huracán.
Salud…………..nervios
Dinero………..bien
Amor………….excelente
Nº suerte…….7

Escorpio. Controla un poco tu energía erótica o corres el riesgo de salir herido de una relación que no te conviene.
Salud…………..varices
Dinero………..bien
Amor…………..romance
Nº suerte……..8

Sagitario. Las cosas no parecen salir según lo habías planeado. Abril te dará un nuevo resplandor pero no te disperses o pasarás tiempo recogiendo trocitos de ti.
Salud…………mejoría
Dinero……….bien
Amor…………calma
Nº suerte……9

Capricornio. La familia los hijos y los padres te harán disfrutar de muy buenos momentos, aunque podrías sentirte algo cansado.
Salud…………..las articulaciones
Dinero…………bien
Amor……………bien
Nº suerte………10

Acuario. Un poquito de claridad llegará al pozo donde estas metido y tu actitud será un poco más optimista. Viaja si puedes.
Salud…………….no bebas alcohol
Dinero…………..bien
Amor……………..bien
Nº suerte………..11

Piscis. Periodo de trabajo excesivo pero necesario si quiere recuperar la marcha y la economía que estaba un poco estancada.
Salud…………mejoría
Dinero………..bien
Amor………….bien
Nº suerte…….12
Hasta el próximo mes Maite Galiana.

viernes 13 de marzo de 2009

CORDÓN DE LUZ. POESÍA.

Poesía. Cordón de Luz.

Parece, mi vida, un cordón de luz cuando pienso en ti.
Mi pasado, mi presente, mi futuro, mi patria eres tu.
Te pienso, te respiro, te como, te vivo.
Y no quiero pensarte, ni comerte, ni respirarte, ni vivirte.
Pero yo no soy sin ti.
Hay una estrella en el centro de mi frente,
hay una estrella en la boca de mi estomago
hay una estrella iluminando mi vientre
hay un sol en mi corazón
y una esperanza en mi mente.
Nada mas en el mundo me importa que tu aliento
Cada hora, cada instante, cada segundo, soy una ofrenda a ti.
Devota de tu piel, cuando te veo, el universo brilla en mi.
Cuando te pienso, chispas de amor revolotean en mi centro.
Cuando eres mi alimento, mi flor se eleva a ti.
Mi palacio del Jade se extiende hasta tu centro
y de placer fenezco cuando te siento en mi.

Maite Galiana Madrid 13 de marzo de 2009

domingo 8 de marzo de 2009

BRAHMA KUMARIS

Buscando y buscando, siempre, algo mas con lo que alimentar mi espíritu. He encontrado un espacio sorprendente en el centro de Madrid. Concretamente en la calle Orense 26 donde se reunen un grupo de meditadores, que de forma gratuita, ofrecen al público sus conocimientos sobre la meditación Raja Yoga. He participado en su Curso de Pensamiento Positivo y tengo que decir que me ha gustado mucho. Básicamente porque yo soy una mujer práctica, que huye de las enrevesadas teorías sicológica, filosóficas o cosmogónicas. Me interesa el aquí y el ahora y eso es lo que las personas de Brahma Kumaris postulan, el conocimiento de uno mismo, desde este lugar, desde este momento, desde el cuerpo que ocupo, siendo yo un alma, siendo un ser de paz, siendo un ser consciente.

He conseguido algunas meditaciones cercanas al éxtasis en muy poco tiempo y escribo, por tanto, desde la experiencia.
Como ya he comentado en alguna ocasión, no soy seguidora de ningún grupo guru o maestro, pero cojo e integro en mi vida todo lo bueno que me dan.
Dejo el enlace a su página por si alguno estais interesados en saber mas.
El aroma es del jazmín de Ger.

jueves 5 de marzo de 2009

TERCERA TRADICIÓN DE ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS

Tercera Tradición

"El único requisito para ser miembro de A.A. es
querer dejar de beber".

Esta Tradición está repleta de significado. Porque en realidad A.A. dice a todo verdadero bebedor, "Tú eres miembro de A.A., si tú lo dices. Puedes declararte a ti mismo miembro de la Comunidad; nadie puede prohibirte la entrada. No importa quién seas; no importa lo bajo que hayas caído, no importa lo graves que sean tus complicaciones emocionales - ni incluso tus crímenes - no podemos impedirte que seas miembro de A.A. No queremos prohibirte la entrada. No tenemos ningún miedo de que nos vayas a hacer daño, por muy retorcido o violento que seas. Sólo queremos estar seguros de que tengas la misma gran oportunidad de lograr la sobriedad que tuvimos nosotros. Así que eres miembro de A.A. desde el momento en que lo digas".
Para establecer este principio, tuvimos que pasar por años de experiencias desgarradoras. En nuestros primeros años, nada nos parecía tan frágil, tan fácil de romper como un grupo de A.A. Casi ningún alcohólico a quien nos dirigíamos nos hacía caso; la mayoría de los que se unían a nosotros eran como velas vacilantes en medio de un vendaval. Una y otra vez, se apagaban sus inciertas llamas para no volverse a encender. Nuestra constante y callada inquietud era "¿A cuál de nosotros le tocará ser el próximo?".
Un miembro nos ofrece una viva imagen de estos días. "En aquella época", dice, "cada grupo de A.A. tenía muchos reglamentos para hacerse miembro. Todos estaban aterrados de que algo o alguien hiciera zozobrar la embarcación y arrojarnos a todos nuevamente a un mar de alcohol. La oficina de nuestra Fundación * (* En 1954, se cambió el nombre de la Alcoholic Foundation, Inc., por el de la General Service Board of Alcoholics Anonymous, Inc., y la oficina de la Fundación es ahora la Oficina de Servicios Generales.) pidió a cada grupo que enviara su lista de reglamentos 'protectores'. La lista completa medía más de una milla. Si todos los reglamentos hubieran estado en vigor en todas partes, a nadie le habría sido posible hacerse miembro de A.A. - a tal extremo llegaban nuestras inquietudes y nuestro temor.
"Habíamos decidido no aceptar como miembro a nadie que no formase parte de esa hipotética clase de gente que nosotros denominábamos 'alcohólicos puros'. Aparte de su afición a la bebida y sus desastrosos resultados, no podían tener otras complicaciones. Así que no queríamos saber nada de los pordioseros, los vagabundos, los confinados en manicomios, los presos, los homosexuales, los chiflados y las mujeres perdidas. ¡Sí señor!, sólo nos dedicaríamos a los alcohólicos puros y respetables. Los de cualquier otra clase sin duda nos destruirían. Además, si aceptáramos a esa gente rara, ¿qué dirían de nosotros la buena gente? Construimos una cerca de malla muy fina alrededor de A.A.
"Puede que todo eso ahora parezca gracioso. Tal vez les cause la impresión de que nosotros los pioneros éramos bastante intolerantes. Pero les puedo asegurar que en ese entonces la situación no era nada cómica. Éramos severos e incluso rígidos porque creíamos que nuestras vidas y nuestros hogares estaban amenazados, y eso no era cosa de risa. ¿Intolerantes, dicen ustedes? Más bien, teníamos miedo. Naturalmente, empezamos a comportarnos como se comportan casi todos cuando tienen miedo. Al fin y al cabo, ¿no es el miedo la verdadera base de la intolerancia? Sí, éramos intolerantes".
¿Cómo hubiéramos podido adivinar en aquel entonces que todos esos temores resultarían ser infundados? ¿Cómo hubiéramos podido saber que miles de esas personas que a veces nos asustaban tanto iban a recuperarse de forma tan asombrosa y convertirse en nuestros más incansables trabajadores e íntimos amigos? ¿Quién hubiera creído que A.A. tendría un índice de divorcio muy inferior al promedio? ¿Cómo hubiéramos podido prever en aquel entonces que esas personas tan molestas llegarían a ser nuestros mejores maestros de paciencia y tolerancia? ¿Quién hubiera podido imaginar en aquella época una sociedad que incluyera todo tipo de personalidad concebible, y que atravesara todas las barreras de raza, religión, afiliación política e idioma sin ninguna dificultad?.
¿Por qué A.A. acabó por abandonar todos sus reglamentos para hacerse miembro? ¿Por qué dejamos que cada recién llegado decidiera si era o no era alcohólico, y si debería o no debería unirse a nosotros? ¿Por qué nos atrevimos a decir, contrariamente a lo indicado por la experiencia de las sociedades y los gobiernos de todas partes del mundo, que no castigaríamos a nadie ni privaríamos a nadie de la posibilidad de hacerse miembro de A.A., que nunca deberíamos obligar a nadie a pagar nada, a creer en nada, ni a ajustarse a ninguna regla?
La respuesta, que ahora se ve en la Tercera Tradición, era la simplicidad misma. La experiencia por fin nos enseñó que quitarle en cualquier grado su oportunidad a cualquier alcohólico a veces equivalía a pronunciar su sentencia de muerte, y muy a menudo a condenarle a una vida de sufrimientos sin fin. ¿Quién se atrevería a ser juez, jurado y verdugo de su propio hermano enfermo?.
A medida que los grupos se iban dando cuenta de esas posibilidades, iban abandonando todos los reglamentos para hacerse miembro. Las experiencias dramáticas que se fueron sucediendo una tras otra reforzaron esa determinación, hasta que se convirtió en nuestra tradición universal. He aquí dos ejemplos:
Corría el Año Dos del calendario de A.A. En aquella época no existían sino dos grupos de alcohólicos, sin nombre, que luchaban por subsistir, intentando seguir la luz que les alumbraba el camino.
Un principiante llegó a uno de estos grupos, llamó a la puerta y pidió que le dejaran entrar. Habló francamente con el miembro más antiguo del grupo. Pronto demostró que el suyo era un caso desesperado y que, sobre todo, quería recuperarse. "Pero", preguntó, "¿me permitirán unirme a su grupo? Ya que soy víctima de otro tipo de adición aun más estigmatizada que el alcoholismo, puede que no me quieran entre ustedes".
¡Menudo problema! ¿Qué debería hacer el grupo? El miembro más antiguo llamó a otros dos y en privado les expuso los hechos de este caso explosivo. Dijo: "¿Qué vamos a hacer? Si le cerramos la puerta a este hombre, no tardará en morir. Si le dejamos entrar, solo Dios sabe los problemas que nos pueda traer. ¿Cuál debe ser nuestra respuesta - sí o no?.
Al principio, los ancianos sólo podían considerar los inconvenientes. Dijeron: "Sólo nos ocupamos de los alcohólicos. ¿No sería mejor sacrificar a uno por el bien de todos los demás?". Así siguió la discusión mientras la suerte del recién llegado estaba pendiente de un hilo. Entonces, uno de los tres habló en tono muy diferente. "Lo que realmente tememos", dijo, "es el daño que esto pueda causar a nuestra reputación. Tenemos mucho más a lo que la gente diga de nosotros que a los problemas que este alcohólico extraño nos pueda ocasionar. Mientras estábamos hablando, cuatro palabras cortas se me iban cruzando por la mente. Algo me sigue repitiendo: '¿Qué haría el Maestro?'". No se dijo ni una palabra más. ¿Qué más se podría haber dicho?.
Rebosante de alegría, el recién llegado se lanzó al trabajo de Paso Doce. Incansablemente expuso el mensaje de A.A. a veintenas de personas y, ya que este era uno de los grupos primitivos, esas veintenas se han convertido en millares. Nunca molestó a nadie con su otro problema. A.A. había dado su primer paso hacia la formación de la Tercera Tradición. Poco tiempo después de que se presentara este compañero con doble estigma, un vendedor a quien llamaremos Eduardo se unió al otro grupo de A.A. Era un promotor agresivo y tenía todo el descaro típico de un vendedor. A cada minuto se le ocurría por lo menos una idea para mejorar A.A. Vendía a sus compañeros de A.A. esas ideas con el mismo ardor con el que distribuía cera para automóviles. Pero tenía una idea que no era fácil de vender. Ed era ateo. Su mayor obsesión era que A.A. podría funcionar mejor sin "tantas necedades sobre Dios". Trataba de imponer sus ideas a todos, y todos suponían que pronto se emborracharía - porque en aquel entonces los A.A. tendían a ser bastante piadosos. Se creía que tal blasfemia merecería un fuerte castigo. Para su gran desconcierto, Ed seguía manteniéndose sobrio.
Con el tiempo le llegó el turno de hablar en una reunión. Nos pusimos a temblar, porque ya sabíamos lo que iba a venir. Empezó elogiando a la Comunidad; explicó cómo su familia se había vuelto a unir; ensalzó la virtud de la honradez; habló de las satisfacciones de hacer el trabajo de Paso Doce; y luego soltó la andanada. Ed gritó: "No puedo aguantar tantas tontería sobre Dios. Sólo son simplezas para la gente débil. Este grupo no lo necesita, y yo no me las tragaré. ¡Al diablo con ellas!"
Una gran ola de indignación inundó al grupo, llevando a todos a una resolución unánime: "¡Afuera con él!"
Los ancianos le llamaron aparte y le dijeron con firmeza: "Aquí no puedes hablar así. O lo dejas o te largas". Con gran sarcasmo, Ed les replico: "No me digan. ¿Tengo que marcharme?" Estiró el brazo y sacó de la estantería un manojo de papeles. Encima de ellos estaba el prólogo del libro "Alcohólicos Anónimos", que se estaba preparando en ese entonces. Leyó un voz alta: "El único requisito para ser miembro de A.A. es querer dejar de beber". Implacablemente, siguió hablando: "Cuando escribieron esta frase, ¿lo decían en serio, o no?
Con gran consternación, los ancianos se miraron, unos a otros, porque sabían que Ed les tenía atrapados. Así que Ed se quedó.
No solamente se quedó, sino que permaneció sobrio - mes tras mes. Cuando más tiempo pasaba sin beber, más fuerte hablaba - en contra de Dios. Tan profunda era la angustia del grupo que toda claridad fraternal desapareció. "¿Cuándo", se decían quejumbrosamente, unos a otros, "cuándo volverá a emborracharse este hombre?".
Bastante tiempo después, Ed consiguió un trabajo de vendedor que le obligaba a viajar fuera de la ciudad. Pasados unos cuantos días, llegaron las noticias. Había enviado un telegrama pidiendo dinero, y todos sabían lo que eso significaba. Luego llamó por teléfono. En aquella época, estábamos dispuestos a ir a cualquier parte para hacer un trabajo de Paso Doce, por poco prometedor que fuera el caso. Pero en esta ocasión, nadie se movió. "¡Que se quede solo! ¡Que lo pruebe él solo esta vez! Tal vez aprenda su lección".
Unas dos semanas más tarde, Ed entró a hurtadillas en la casa de un miembro de A.A. y, sin que la familia lo supiera, se acostó. A la mañana siguiente, mientras el dueño de la casa y un amigo estaban tomando café, se oyó un ruido en la escalera. Para su consternación, allí apareció Ed. Con una sonrisa extraña, les preguntó, "¿Ya han hecho ustedes su meditación matutina?" Pronto se dieron cuenta de que lo preguntaba muy en serio. Poco a poco les fue contando lo que le había ocurrido.
En un estado vecino, Ed se había instalado en un hotel barato. Después de ver rechazadas todas sus súplicas de ayuda, oró repitiendo en su mente febril las siguientes palabras: "Me han abandonado. He sido abandonado por los míos. Este es el final - no me queda nada". Mientras daba vueltas y más vueltas en la cama, su mano tropezó con la mesita de noche y tocó un libro. Lo abrió y se puso a leer. Era la Biblia. Ed nunca dio más detalles de lo que vio y sintió en aquella habitación del hotel. Era el año 1938. Desde entonces no ha vuelto a tomarse un trago.
Hoy en día, cuando se reúnen los veteranos que conocen a Ed, exclaman: "¿Qué hubiera pasado si hubiéramos logrado expulsar a Ed por blasfemo? ¿Qué hubiera sido de él y de todos aquellos a quienes más tarde él ayudo?".
Así fue como, en los primeros tiempos, la mano de la Providencia nos indicó que cualquier alcohólico es miembro de nuestra Sociedad cuando él lo diga.

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