EL
TESTAMENTO DE SAN JUAN
PARTE
3. CAPÍTULO 12. EL UNIVERSO NO ERA INEVITABLE
Y
en mi visión vi también el sexto Superuniverso, girando en torno al Gran
Universo. Y sus cien mil universos proclamaban la gloria del Señor. Y de la
sexta rueda de mundos escuché la voz del sexto de los Siete Espíritus Maestros.
Él regenta la sexta Escuela de Dios. Y en ella se enseña el sexto atributo de
la Divinidad. Y el sexto Espíritu Maestro dijo:
«Sólo
Dios es el Primero. Escucha, hijo de la tierra, la sexta maravilla del Padre.
»¿Creéis que Dios pierde su primacía porque delegue su poder? Su mano sigue
firme sobre la palanca de las circunstancias. Y esas circunstancias son Él
mismo. No confundáis su generosidad con el desinterés. Él delega y otorga su
poder a sus hijos, pero permanece el Primero. Es el Primero. Será el Primero.
Las decisiones finales son suyas. Nadie, ni siquiera los rebeldes, pueden
ensombrecer su primacía. Fue escrito: "¿Quién como Dios?" Aquellos
pocos que han elegido la iniquidad como bandera disfrutan limitadamente de su
primacía. Y esa primacía es siempre como la mejoría que anuncia la muerte.
Debéis sentiros felices y confiados: esa primacía del Padre está al servicio de
la felicidad universal. Por ello no es erróneo profetizar que la felicidad revolotea
en todas las órbitas de lo creado. »La soberanía del Padre es ilimitada. Estáis
ante el hecho fundamental de toda creación. El universo no era inevitable.
Aunque no comprendáis aún sus leyes y su armonía, no imaginéis que estáis ante
un accidente cósmico. El universo no existe por sí mismo. Este Gran Universo y
el Maestro Universo y cada uno de los siete Superuniversos y los cien mil
universos de cada Superuniverso son un puro y sublime trabajo de creación
divina. Él se asomó un día al tablero de sus infinitas posibilidades y pensó en
la Creación. Y así surgió el Gran Universo y todo cuanto ya conoces. Todo fue
trazado con amor. Cada sol, cada fuerza, cada mundo, cada vida, cada hombre y
cada futuro. Todo fue dibujado en su Infinitud, con los pinceles de su
Sabiduría. Todo —hasta el último entre los últimos— fue planeado con la
meticulosidad del que ama. Tú entre ellos. Él escogió tus rasgos. Él moldeó tu
cuerpo y Él sacó tu espíritu inmortal de su propia Inmortalidad. Todo, en suma,
está sometido a su voluntad, porque todo es suyo.
El
universo no era, pues, inevitable. Y esa bondad y amor en lo creado son tanto
mayores cuanto más grande es su imperfección aparente. Dios no cubre a las
criaturas perfectas de Havona con el amor con que cubre a los mundos
evolucionarios del tiempo y del espacio. Ellos ya son el amor. Vosotros, en
cambio, navegáis en busca del amor. ¿Quién puede necesitar más de Dios?»
Una
única voluntad universal y soberana
«El
hombre evolucionario rechaza la idea de una voluntad universal y soberana sobre
todo lo creado. Esa realidad escapa a su intelecto. Sin embargo, en la más
flagrante de las contradicciones, acepta y venera la actividad de esa misma
voluntad soberana en la elaboración de las leyes del universo. Estáis rindiendo
así el más grande homenaje al Soberano de tales leyes. No os engañéis: a la
larga o a la corta, todas las filosofías y religiones desembocan en el concepto
de un solo Dios y de una sola soberanía universal. El gobierno único del Padre
es inevitable. Las causas universales priman siempre sobre los efectos
universales. Es preciso que las corrientes de la vida y del pensamiento cósmico
estén por encima de los niveles de su manifestación. No podéis explicar el
pensamiento humano en base a una evolución natural de las especies. Jamás lo
lograréis por ese camino. No podéis justificar la alegría o la esperanza, en
base a parámetros evolucionistas inferiores. ¿De dónde os viene la capacidad
para apreciar la belleza o la bondad? ¿Acaso de la grosera mutación de las especies?
¿De dónde creéis que nace la voluntad? ¿Quizá de un fenómeno natural, posible e
identificable en la Naturaleza? No es posible comprender el entendimiento
humano, si no es reconociendo una realidad superior. Jamás podréis explicar la
excelsa e irrepetible realidad del hombre como ser moral, si no es partiendo de
la realidad de un Padre Universal y amoroso.»
No
preguntes sobre el sufrimiento de Dios
«En
la sexta Escuela de Dios se enseña también otra regla de oro: "No
preguntes sobre el sufrimiento de Dios." ¿Sufre el Padre Universal? Nadie
conoce la respuesta. Dios es infinitamene poderoso. Suya es la soberanía
universal. Suyo es el poder y la gloria. Suyo el conocimiento y la Infinitud.
Suya la suprema omnipotencia y omnisciencia. Pero, ¿sufre el que todo lo llena?
Dejadme que lance una respuesta al vacío: quizás sufra en sus criaturas
imperfectas. Quizá se aflija en vuestras aflicciones. Quizá se estremezca en la
noche oscura de la iniquidad. Pero sólo es un quizá. Él está en el pensamiento
humano. Él conoce vuestros momentos de soledad. Él sufre. Él está en vuestras
calamidades. Él sufre. Él tropieza con vosotros en la equivocación. Él sufre.
Él sabe del hambre en vuestra hambre. Él sufre. Él se rasga en la batalla y en
la enfermedad. Él sufre. Él es vosotros.»



