Estudios recientes han demostrado que aquellas personas por las cuales se reza se recuperan antes o consiguen salir de una situación difícil con mayor facilidad que aquellas por las que no se reza. Desde este humilde blog queremos aportar nuestro granito de arena y unir nuestra oración a la de todos aquellos que lo pidan. Podeis enviar vuestras peticiones a mtgaliana@hotmail.com. Gracias. Maite Galiana

jueves, 7 de junio de 2012

“SÍNDROME DE IMBECILIDAD MENTAL TRANSITORIA”


“SÍNDROME DE IMBECILIDAD MENTAL TRANSITORIA”

Empiezo a pensar que soy víctima de un delirio producido por algún desarreglo de mi organismo o de mi mente y aunque me he sacudido la idea de visitar al siquiatra, el caos que se ha apoderado de mi interior me aturde. Lo poco que he dejado trascender hacia afuera este desorden me ha llenado de una sensación espantosa de ridículo.
Vaya donde vaya está él, haga lo que haga, él; si leo él, si escribo él, si me ducho él, en el espejo él, a la compra él y así hasta el infinito. ¿Será un delirio? vuelvo a preguntarme ¿una fantasía, una adicción romántica, un malsano encantamiento?
Una imperiosa necesidad de estar con él se apodera de mí, de comunicarme, de hablarle, de tocarle. Algo no va bien, las veces que nos hemos visto ni siquiera ha habido un amago de acercamiento. Ni un mínimo roce a pesar de que yo, con mi carácter directo y franco, entre bromas y risas, le he dicho que me gustaba.
De nada sirven las horas de meditación, los razonamientos o la clarividencia. Me siento completamente poseída por una energía que no sé de donde procede. Cuesta creer que de mi fantasía. Una emoción tan intensa no puede ser solamente mía, este amor tan poderoso que todo lo contiene ha de ser correspondido. Me digo ilusionada.
Mi cuerpo todavía no ha recuperado el equilibrio, me duele el estómago, cerrado como la puerta de un castillo, mi corazón desangrado, suplica aun una mirada consoladora, una palabra dulce, una mano tendida, un abrazo interminable.
Debería ser bonito, maravilloso, mágico. No niego que de vez en cuando un subidón de endorfinas me hace tocar el cielo  para bajar en caída libre sin parapente.
He leído que la dopamina o la oxitocina son responsables del enamoramiento. No me consuela, no estoy presente en nada. Quiero parar ya. No sé cómo. ¿Otro?, no hay espacio en mi, él lo ocupa todo.
Sé que esta enfermedad se pasa. Me como la ansiedad y el deseo en vez de besar su boca y morder su cuello. Las mil poesías que me inspira se quedan atoradas entre hormonas y demás sustancias químicas.
No hablaré del miedo a que algo pase, ni del miedo que me embarga si no pasa. Estoy por un lado pérdida, por otro aliviada.
Querida Maite, es cierto que no hay ningún dato objetivo que indique que le gusto, aun así no me rindo, mantengo viva la esperanza. ¿Seré imbécil?

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