Estudios recientes han demostrado que aquellas personas por las cuales se reza se recuperan antes o consiguen salir de una situación difícil con mayor facilidad que aquellas por las que no se reza. Desde este humilde blog queremos aportar nuestro granito de arena y unir nuestra oración a la de todos aquellos que lo pidan. Podeis enviar vuestras peticiones a mtgaliana@hotmail.com. Gracias. Maite Galiana

jueves, 19 de septiembre de 2013

TONY DE MELLO. NO CONFUNDAS LOS SUEÑOS

Vosotros estáis dormidos porque, si no, ya no necesitaríais
venir a este curso. Si ya lo vierais todo con ojos nuevos, ya
no necesitaríais venir a despertaros.

Pero, si sois capaces de reconoceros dormidos, ser conscientes de que no estáis despiertos, ya es un paso. Pues lo peor y más peligroso del que duerme es creer que está despierto y
confundir sus sueños con la realidad.
Lo primero que se necesita para despertar es saber que estáis durmiendo y estáis soñando.

La religión es una cosa buena en sí, pero en manos de gente dormida puede hacer mucho daño. Y lo podemos ver muy claramente por la historia de una religión que, en el nombre
de Dios, cometió tantas barbaridades creyendo que hacía el bien. Si no sabes emplear la religión en esencia, en libertad,
sin fanatismos ni ideologías de un color u otro, puedes hacer mucho daño y, de hecho, se sigue haciendo.

Para despertar hay que estar dispuesto a escucharlo todo,
más allá de los cartelitos de «buenos» y «malos», con receptividad, que no quiere decir credulidad.
Hay que cuestionarlo todo estando atento a descubrir las verdades que puedan encerrar, separándolas de lo que no lo son. Si nos identificamos con las teorías sin cuestionarlas con la razón — y sobre todo con la vida — y nos las tragamos almacenándolas en la mente, es que seguimos dormidos.
No has sabido asimilar esas verdades para hacer tus propios criterios. Hay que ver las verdades, analizarlas y ponerlas a prueba una vez cuestionadas.

«Haced lo que os digo» — dice Jesús —. Pero no podremos hacerlo si antes no nos transformamos en el hombre nuevo, despierto, libre, que ya puede amar.

«Aunque diera todo a los pobres, y mi cuerpo a las llamas — dice, Pablo —, ¿De qué me serviría si no amo?».
Este modo de ver de Pablo se consigue viendo, y nace, ese modo de ser, de estar despierto, disponible y sin engaños.



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