Estudios recientes han demostrado que aquellas personas por las cuales se reza se recuperan antes o consiguen salir de una situación difícil con mayor facilidad que aquellas por las que no se reza. Desde este humilde blog queremos aportar nuestro granito de arena y unir nuestra oración a la de todos aquellos que lo pidan. Podeis enviar vuestras peticiones a mtgaliana@hotmail.com. Gracias. Maite Galiana

sábado, 19 de octubre de 2013

MEDITACIÓN “TU NIÑO INTERIOR”

Busca una postura cómoda y afloja tu cuerpo, pon tus manos a los costados y relájate.
Cierra los ojos y céntrate en tu respiración, deja que se vuelva suave y profunda. Al inspirar toma el aire del Universo y siente como fluye por todo tu cuerpo.
Exhala suavemente por la boca y deja ir toda preocupación, elimina el estrés y la ansiedad con cada exhalación.
No fuerces tu respiración. Aquieta tu mente.
Cuenta de manera regresiva del 10 al 1 y ve entrando en un estado de relajación más y más profundo cada vez. Vas a conectar con tu niño interior, con tu esencia.
10….9….8…cada vez más profundo 7…6…5… más y más profundo 4…3…2…1
Ahora puedes ver, con el ojo de tu mente, un hermoso jardín, lleno de verde, flores, arboles, allí te espera tu niño interior, él te sonríe y te extiende su mano. Comienzas a andar hacia él. Cada vez estas más cerca, puedes ver en su mirada cuanto desea estar contigo. Te coge de la mano y te dejas llevar por ese  lugar  tan hermoso y placentero. Sientes la paz de la naturaleza, el canto de los pájaros, allí hay bancos donde puedes descansar, o tumbarte en la hierba fresca junto a una fuente de agua divina, y un cielo azul sobre ti. El sol resplandece.
Tu niño quiere jugar, y tu lo consientes. Tómate unos instantes para vivir ese momento junto a él.
Os miráis profundamente y tu niño, sonriendo, te pide que no te vayas, que no te alejes.
En este momento tu le haces saber que nunca le abandonarás,  que siempre estarás junto a él, que vas a dedicarle todo el tiempo que puedas, que jugarás con él, os divertiréis y seréis felices juntos.
Le dices que no tenga miedo, que siempre lo vas a proteger. Mirando sus ojos brillantes y atentos le dices:
Lo siento, perdóname por haber tenido pensamientos erróneos y dolorosos, y haber creado esta realidad, Te amo.
Tómate tiempo ahora para escuchar lo que tu niño quiera decirte.
Es hora de despedirse y volver.
Lo tomas entre tus brazos y le dices cuanto lo quieres y valoras. Tu niño cada vez se hace más pequeñito, hasta que puedes tenerlo entre tus manos. Con dulzura lo llevas hasta tu corazón. Se siente seguro y a salvo.
Cada vez que escuches los latidos de tu corazón sabrás que allí se encuentra tu niño interior, tu esencia. Puedes tener contacto con él cada vez que lo desees, no olvides que él te necesita, es un niño, él te ama y confía en ti.

Ahora, lentamente, y a la cuenta de tres, abres tus ojos. Te sientes muy tranquilo, muy relajado y en perfecto estado de salud. Con tus sentidos bien despiertos. Mucho mejor que antes. Gracias.

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