Estudios recientes han demostrado que aquellas personas por las cuales se reza se recuperan antes o consiguen salir de una situación difícil con mayor facilidad que aquellas por las que no se reza. Desde este humilde blog queremos aportar nuestro granito de arena y unir nuestra oración a la de todos aquellos que lo pidan. Podeis enviar vuestras peticiones a mtgaliana@hotmail.com. Gracias. Maite Galiana

miércoles, 11 de marzo de 2015

YA NO SEAS CODEPENDIENTE. MELODY BEATTIE

Aunque dos codependientes pueden estar en desacuerdo en la definición de codependencia, si discuten entre ellos los hechos, probablemente cada uno de ellos sentirá lo que el otro dice.  Compartirán ideas sobre las cosas que tienen en común –las cosas que hacen, que piensan, que sienten y que dicen– características de la codependencia. Sobre estos puntos –síntomas, problemas, mecanismos de adaptación o reacciones– concuerdan la mayoría de las definiciones y de los programas de recuperación. Estos puntos dictan la recuperación.  Son cosas que necesitamos reconocer, aceptar, aprender a vivir con ellas, luchar en su contra y a menudo cambiar.
Antes de presentar una lista de lo que los codependientes tienden a hacer, diré algo importante: tener estos problemas no significa que seamos malos, defectuosos o inferiores. Algunos de nosotros aprendimos estas conductas desde niños. Otros las aprendieron más tarde en la vida.  Podemos haber aprendido algunas de estas cosas por la interpretación que hemos hecho de la religión.  A Algunas mujeres se les enseñó que estas conductas eran deseables atributos femeninos.  Sea donde fuere que hayamos aprendido estas cosas, aprendimos bien la lección.
La mayoría de nosotros empezamos a hacer estas cosas por la necesidad de protegernos a nosotros mismos y de satisfacer nuestras necesidades. Hicimos, sentimos y pensamos estas cosas para sobrevivir –emocional, mental y a veces físicamente-. Tratamos de entender y de contender con nuestros complejos mundos de la mejor manera. No siempre es fácil vivir con personas sanas y normales.  Pero es particularmente difícil vivir con personas enfermas, atribuladas o perturbadas. Es horrible tener que vivir con un alcohólico delirante.  Muchos de nosotros nos las hemos tenido que ver con circunstancias indignantes, y estos esfuerzos han sido tan admirables como heroicos.  Hemos hecho lo mejor que hemos podido.

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